Abuso sexual
El abuso sexual es definido como cualquier actividad sexual entre dos
personas sin consentimiento de una de las dos. El abuso sexual puede producirse
entre adultos, de un adulto a un menor o incluso entre menores. Como actividad
sexual se incluye:
Cualquier tipo de penetración, roces o caricias de órganos
genitales en contra de la voluntad, o tocamiento de los órganos
genitales del abusador.
Cualquier acción que inste al menor a presenciar contenido sexual
impropio (observar al adulto desnudo o mientras mantiene relaciones sexuales
con otras personas, ver material pornográfico o asistir a conversaciones
de contenido sexual, por ejemplo).
Un tipo de abuso sexual es la violación que es considerada delito
sin importar la edad de la víctima.
El abuso sexual a menores es un delito en muchos países. La ley
protege a los menores de estas acciones.
Los abusos a menores se pueden dar en todos los ámbitos sociales
y pueden suceder tanto fuera como dentro del círculo familiar (que
es lo más frecuente).
Indicadores de que un menor ha sido abusado sexualmente
Físicos. El menor presenta
Dificultad para andar y sentarse
Ropa interior sangrada
Se queja de picor o dolor en la zona vaginal o anal
Contusiones o sangrado en los genitales externos
Enfermedad venérea
Cervix o vulva hinchados
Semen en la boca, genitales o ropa
Embarazo
Comportamentales
Permanece reservado, rechazante o tiene conductas infantiles, incluso
puede parecer retrasado
Escasas relaciones con sus compañeros
No quiere cambiarse de ropa para hacer gimnasia o pone dificultades para
realizar actividad física
Comete acciones delictivas o se fuga
Manifiesta conductas o conocimientos sexuales extraños o inapropiados
para su edad y sociedad en que vive
Dice que ha sido atacado (por el padre, cuidador o un extraño)
Como muchas veces es el cuidador del niño quien comete el abuso,
se pueden distinguir en éste también ciertos rasgos:
Extremadamente protector o celoso del menor
Alienta al niño a implicarse en actos sexuales en presencia del
cuidador
Sufrió abuso sexual en la infancia
Experimenta dificultades en su relación de pareja
Abusa de drogas y/o alcohol
Está frecuentemente ausente en el hogar
Es importante destacar que estos indicadores, tanto en el menor como en
el cuidador, no son pruebas de que exista abuso y pueden darse en otras
condiciones. Son solamente una señal de alarma a tomar en cuenta
por un profesional.
Ontogénesis del abuso sexual en el hogar
El tipo de abuso sexual que ha sido objeto de mayor estudio es el que
ocurre dentro del hogar del menor (por un familiar o cuidador cercano,
como el padre), debido a su ocurrencia significativa, y al trastorno que
implica en la dinámica familiar.
El abuso de un menor por un cuidador es un proceso que consta generalmente
de varias etapas o fases:
Fase de seducción: en que el futuro abusado manipula la dependencia
y la confianza del menor, y prepara el lugar y momento del abuso. Es en
esta etapa donde el futuro abusador incita la participación del
niño o adolescente por medio de regalos o juegos.
Fase de interacción sexual abusiva: es un proceso gradual y progresivo,
que puede incluir: comportamientos exhibicionistas, voyerismo, caricias
con intenciones eróticas, masturbación, etc.
Instauración del secreto: el abusador, generalmente por medio de
amenazas, impone el silencio en el menor, a quien no le queda más
remedio que adaptarse. En esta fase la madre y/o hermanos suelen ser ausentes
o cómplices.
Fase de divulgación: esta fase puede o no llegar (muchos abusos
quedan por siempre en el silencio), e implica un quiebre en el sistema
familiar, hasta ahora en equilibrio. Puede ser accidental o premeditada,
esta última a causa del dolor en niños pequeños o
cuando llega la adolescencia del abusado.
Fase represiva: Generalmente, después de la divulgación,
la familia busca desesperadamente un reequilibrio para mantener a cualquier
precio la cohesión familiar, por lo que tiende a negar, a restarle
importancia o a justificar el abuso, en un intento por seguir "como
si nada hubiese sucedido".
Muchas veces son necesarios un gran número de intentos de divulgación
para impedir que la familia vuelva a la fase represiva.
Consecuencias de los abusos sexuales en los niños
La principal consecuencia ocurre cuando el abuso es al interior del hogar,
ya que se distorsiona en el niño la concepción sobre el
afecto y el cuidado, el que pasa a ser comprendido en la mente del menor
como un afecto sexualizado. Por otra parte, debido a las amenazas, se
genera la sensación de culpa en el menor (sentir que fue el causante
y responsable del abuso). Esto genera:
Traumatización: en que, a lo largo de la vida, el abusado puede
experimentar síntomas como flashbacks (recuerdos traumáticos
que se imponen vívidamente en contra de la voluntad), inestabilidad
emocional, trastornos del sueño, hiperactividad y alerta constante.
Por otra parte, también se pueden producir aislamiento, insensibilidad
afectiva (petrificación afectiva), trastornos de memoria y de la
concentración, fobias, depresión y conductas autodestructivas.
Sexualización traumática: debido a que el inicio en la vida
sexual del menor fue traumático, experimenta sensaciones y conductas
distorsionadas en el desarrollo de su sexualidad, como agresividad sexual,
conductas inadecuadas de seducción hacia otros, masturbación
compulsiva, juegos sexuales, promiscuidad sexual, trastornos de la identidad
sexual, prostitución, e incluso llegan a reexperimentar la situación
abusiva siendo, posteriormente la pareja de un abusador.
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